En el ecosistema de innovación agroalimentaria, a menudo nos deslumbramos con el producto final: el ingrediente funcional o el packaging inteligente. Sin embargo, existe una capa invisible, más «sucia» y desafiante, que sostiene toda esa cadena: la gestión masiva de los descartes y la energía que mueve el proceso.
Nuestra participación en el Programa TT Green Foods, liderado por CREAS y CORFO, ha consistido en hacernos cargo de esa infraestructura basal. Mientras el portafolio avanza en la sofisticación de productos, en el Proyecto P13 hemos asumido el rol de validar la «ingeniería dura» necesaria para cerrar el ciclo energético a escala real.
Al entrar en nuestra fase decisiva de operación y tras ajustar estratégicamente nuestros objetivos hacia un TRL 7-8, confirmamos una hipótesis vital: la industria nacional no necesita más «fierros» importados ni diseños teóricos, sino certezas operativas y viabilidad económica.
Nuestra operación en el Bioparque de Quilpué no es solo un hito constructivo; es un laboratorio de estrés. Al iniciar el procesamiento de cargas reales de 300 kg diarios de residuos complejos, estamos sentando las bases operativas para la inminente generación de biogás. Pero más allá de la energía, utilizamos la realidad física para calibrar el «cerebro» del sistema, aprovechando las capacidades especializadas de nuestro Holding ProCycla a través de Modela.
Gracias a esta integración, hemos detectado que los modelos tradicionales suelen sobreestimar la producción energética en un 10-20% al ignorar las «zonas muertas» de los reactores. Estamos corrigiendo esa matemática mediante una hipótesis de compartimentalización automatizada. Aunque el objetivo inmediato es validar que una hidrodinámica optimizada reduce la agitación a solo 30 minutos diarios (desplomando el OPEX), la proyección de este hallazgo trasciende al proyecto: esta metodología tiene el potencial de revolucionar el diseño de grandes plantas industriales, permitiendo escalar reactores con precisión predictiva antes de construir la infraestructura física.
Esta búsqueda de eficiencia no se limita al proceso, sino que se extiende a la estructura misma. El contexto económico global, marcado por la volatilidad del acero, aceleró una reflexión técnica necesaria: la viabilidad comercial no puede depender de materiales de costos impredecibles y alta corrosión.
La operación actual nos ha permitido confirmar que el escalamiento comercial (post-proyecto) debe migrar desde el acero estructural hacia soluciones modulares en polímeros de alta densidad (HDPE). El «Paquete de Conocimiento» que estamos consolidando entrega precisamente eso: la ingeniería de detalle para transitar de una obra civil costosa a un producto industrial manufacturable y logísticamente ágil.
Entendemos que el desarrollo sostenible es una carrera de resistencia. Al extender nuestra validación operativa hasta 2026, aseguramos que el activo a transferir al ecosistema TT Green Foods no sea un prototipo prematuro, sino una plataforma tecnológica con riesgos mitigados. El MDA de ProCycla se erige así como una pieza complementaria clave para los demás co-ejecutores: somos la plataforma que permite imaginar un futuro donde los residuos de la industria de ingredientes no sean un pasivo, sino la fuente de energía de su propio proceso.
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